Ubrich, T., Flores, R. (coords.), Informe sobre exclusión y desarrollo social en Euskadi. Resultados de la Encuesta sobre Integración y Necesidades Sociales 2024. IX Informe sobre exclusión y desarrollo social en España. Madrid, Fundación FOESSA y Cáritas Española Editores, 2025, 295 p.
El Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en Euskadi dibuja un escenario complejo y profundamente dinámico, en el que la sociedad vasca avanza entre mejoras parciales y nuevas vulnerabilidades que ensanchan el espacio de la precariedad: tras décadas de trabajo de la Fundación FOESSA, el análisis de la exclusión social —entendida como un fenómeno multidimensional que entrelaza carencias materiales, fallas en los mecanismos de integración, debilitamiento de los vínculos y obstáculos al ejercicio pleno de derechos— revela que, aunque Euskadi mantiene los niveles más altos de integración del Estado, más de 259.000 personas siguen situadas en el espacio de la exclusión y crece con fuerza la integración precaria, que afecta ya a más de un tercio de la población, impulsada por el deterioro de ámbitos como la participación política, la vivienda, el empleo o la salud; la exclusión en el eje político y de ciudadanía afecta al 38,5% de las personas, siendo especialmente frecuentes las barreras derivadas de la condición extranjera y los gastos excesivos de vivienda, mientras que los grupos más expuestos continúan siendo los hogares pobres, sin ingresos, encabezados por personas en búsqueda de empleo o de origen extranjero. A pesar de la recuperación económica tras la pandemia y del crecimiento del empleo —sostenido en gran medida por la inmigración—, los salarios reales permanecen estancados y el acceso a la vivienda se complica, aumentando las situaciones de vivienda inadecuada; al mismo tiempo, la ciudadanía vasca manifiesta un fuerte respaldo a la universalidad de los servicios sociales y demanda mayor inversión pública. El informe subraya que la exclusión social funciona como un espejo que refleja las tensiones y contradicciones del propio modelo social, y que los procesos de inclusión o exclusión están profundamente determinados por la fortaleza o fragilidad de las redes sociofamiliares, por lo que resulta imprescindible reforzar los lazos comunitarios, revisar los mecanismos de participación, garantizar derechos efectivos y situar la fraternidad y la cooperación en el centro de un nuevo horizonte de políticas públicas capaces de reducir desigualdades y fortalecer la cohesión social en un tiempo marcado por la incertidumbre.